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Es más común de lo que parece, un psicópata rodeado de narcisistas a los que maneja inventando ideas distorsionadas de quiénes son. Pertenecer a un grupo en el que puedan exhibir signos externos que proyectan una imagen que no es real, para esconder un profundo sentimiento de inferioridad.

Admiradores, seguidores, aplausos son su gasolina psicológica. La necesidad de ser tenidos en cuenta, de ser envidiados, admirados, por lo que parece que son, aunque saben que no lo tienen.

Son como vampiros que necesitan tener a la víctima viva para poder depredarla.

Cuando ya no les proporcionan gasolina psicológica, descartan a las personas que ya no les sirven más.

Es un yo necesitado de los demás, es inflacionado por lo pequeño de su tamaño.

Llevan una vida de teatro, que simula ser algo maravilloso, pero que encubre un profundo sufrimiento que no revelan jamás y que tiene que ver con esa falta de autoestima.

Aparentan tener una vida satisfecha y realizada; intentan ser envidiados, aunque no lo consiguen.

Las víctimas son engañadas por su espectáculo narcisista.

El descubrimiento de la verdad se va a realizar tarde o temprano.

Tienen que vivir de la mentira.

Denigran a las personas que les pueden descubrir.

Generalmente aparentan paz y sosiego, pero en algunos momentos de intimidad, proyectan ira y rabia.

Necesitan para sobresalir, hundir a los rivales.

Viven envidiando... se entristecen por los logros, por los buenos resultados de los demás.

Se colocan en una posición de rivalidad y competencia con alguien con quien deberían tener sinergia.

En lugar de recibir la felicitación, la víctima encuentra que el narcisista se entristece, se enfada, se frustra cuando más y mejores noticias le dan de otro.

El narcisista hace pagar caro tu éxito, tu popularidad... en lo que le excedes.

Te conviertes en una amenaza.

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