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En un pequeño pueblo de USA, había un "guru" conocido como Satsvarup, famoso por sus peculiares enseñanzas que, a menudo, parecían más absurdas que iluminadoras.

Aparentemente, él hablaba de conceptos elevados, como la trascendencia y el amor divino, pero sus métodos eran extraños y caóticos. La gente lo consideraba un loco, pero Satsvarup atraía a un pequeño grupo de seguidores, en especial a uno llamado Yadu.

Yadu era un discípulo extraño. Aparentaba ser un ávido buscador espiritual, pero en el fondo, era un psicópata integrado, ambicioso y errático.

Su interés por el poder y el estatus eclipsaba cualquier deseo genuino de crecimiento espiritual. Solo veía en Satsvarup una oportunidad para ascender y beneficiarse de su reputación.

Mientras Satsvarup se sumía en sus locuras, escribiendo literatura sensual y participando en rituales absurdos haciéndose pasar por devoto puro, Yadu le seguía el juego, aunque en su interior despreciaba la falta de lógica en las enseñanzas de su guru. Despreciaba a otros discípulos, confiando en que su astucia lo llevaría a la cima del círculo de seguidores.

Con el tiempo, Satsvarup comenzó a notar el comportamiento errático y la avaricia de Yadu, aunque nunca lo confrontó. En su locura, interpretaba esta avaricia como una forma de amor apasionado hacia el conocimiento.

Yadu, por su parte, se reía de la ingenuidad del guru y trataba de manipular a los demás seguidores para ganar poder.

En realidad, Yadu nunca cambiaría. Su avidez y falta de empatía lo condujeron a tramar intrigas, intentando desestabilizar a los otros seguidores. Satsvarup, envuelto en su propia locura, no pudo ver las oscuras intenciones de su discípulo.

Al final, la relación entre guru y discípulo se tornó una danza insana; el guru, en su locura, creía que inspiraba, mientras el discípulo, con su ambición y astucia, se movía en las sombras, planeando su ascenso.

Así, la historia terminó en un juego de poder y locura, con un guru que nunca llegó a ser verdaderamente avanzado, y un discípulo que nunca encontraría lo que pretendía en su búsqueda de control.

Ambos permanecieron atrapados en sus respectivas naturalezas, reflejando lo absurdo y trágico de la dinámica.
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