Todos los fanáticos comparten un hilo común: una adhesión firme a certezas absolutas en relación con sus líderes. ¿Pero qué pasa cuando estas creencias se tambalean, desafiadas por datos, hechos o realidades?
Se activa una alarma interna. Una especie de rayón en el disco de su cosmovisión. Enfrentan una encrucijada psicológica.
Por un lado, sus creencias provienen de sentimientos y “enamoramientos” que les dan un sentido de superioridad moral o intelectual. Por otro, la evidencia y las opiniones contrarias que les indican que pueden estar equivocados.
¿Qué hacer?
Para reducir la disonancia, esa sorda incomodidad psicológica, se entregan todavía más a la conducta sectaria.
Se atrincheran en sus creencias, se rodean de ecos que repiten sus propios pensamientos y descalifican, ridiculizan e ignoran cualquier otra perspectiva que contradiga sus dogmas.
Y, atrapados en esa rueda de hámster, pierden de vista las cosas más significativas y lógicas, la realidad, la vida fuera de su película.
Se activa una alarma interna. Una especie de rayón en el disco de su cosmovisión. Enfrentan una encrucijada psicológica.
Por un lado, sus creencias provienen de sentimientos y “enamoramientos” que les dan un sentido de superioridad moral o intelectual. Por otro, la evidencia y las opiniones contrarias que les indican que pueden estar equivocados.
¿Qué hacer?
Para reducir la disonancia, esa sorda incomodidad psicológica, se entregan todavía más a la conducta sectaria.
Se atrincheran en sus creencias, se rodean de ecos que repiten sus propios pensamientos y descalifican, ridiculizan e ignoran cualquier otra perspectiva que contradiga sus dogmas.
Y, atrapados en esa rueda de hámster, pierden de vista las cosas más significativas y lógicas, la realidad, la vida fuera de su película.