📚 Reflexiones desde el Vyasasana 🧘♂️✨
¿Cómo es posible que una persona violenta, capaz de golpear y patear a otro devoto, además mayor que él, esté dando clase en el vyasasana? ¡Qué nivel tan bajo tienen las clases impartidas por personas que son devotos sentimentales y que nunca han entregado sus vidas de forma efectiva, sacrificando los preciosos años de la juventud al servicio! Son advenedizos que no logran articular una palabra que provenga de la comprensión del corazón, y el "swami" es otro inútil cuyas palabras están vacías de comprensión real.
Este "swami" lleva más años, pero nunca se entregó en cuerpo y alma como muchos de sus amigos de Jalón. Huyeron de la austeridad y se refugiaron en oficinas y títulos, por eso sus palabras no tienen fuerza y no pueden causar impacto en el corazón de nadie; son repeticiones de conceptos de los cuales no entienden en absoluto su significado profundo.
En los años 80, hasta un bhakta que se sentaba en el vyasasana inspiraba con sus sencillas pero poderosas realizaciones, porque estaba entregando su vida. En esa clase, pude ver lo perdidos que están todos allí, no porque se necesite ser un erudito, sino porque falla totalmente la entrega correcta, absolutamente necesaria para captar poco a poco, pero poderosamente, la sabiduría que se puede desarrollar al escuchar el shastra.
Podemos escuchar a un ex-vaquero confundido que vive de las "rentas" de haberlo sido, a un irlandés que todavía no sabe qué son las tres modalidades, a una madre que está más confundida, a otra madre que se burla o emite bufidos a la mínima, a un Sebastián carcomido por la frustración, y a un "swami" que recuerda unas citas que a nadie iluminan porque son dichas de memoria.
A la pregunta de por qué hacemos servicio y no vemos a Krishna, la mejor respuesta parece venir de otro erudito seco, el ladrón Vedavyasa/Jansen: “por lo menos, al hablar de ello, estás pensando en Dios”. Vaya ayuda de los "swamis", un enfermo de poder y un ladrón impostor.
Y vaya seguidores, más confundidos que cabras en un garaje, con el colofón del loco violento, envalentonado porque nadie le ha dicho que lo que hizo no solo no está bien, sino que debería ser motivo suficiente para abandonar la finca para siempre.
Han perdido toda autoridad moral y rumbo. Toca consumirse y ser devorado por la propia falta de vergüenza, decoro y mínimo sentido de la verdad y la justicia.
¿Cómo es posible que una persona violenta, capaz de golpear y patear a otro devoto, además mayor que él, esté dando clase en el vyasasana? ¡Qué nivel tan bajo tienen las clases impartidas por personas que son devotos sentimentales y que nunca han entregado sus vidas de forma efectiva, sacrificando los preciosos años de la juventud al servicio! Son advenedizos que no logran articular una palabra que provenga de la comprensión del corazón, y el "swami" es otro inútil cuyas palabras están vacías de comprensión real.
Este "swami" lleva más años, pero nunca se entregó en cuerpo y alma como muchos de sus amigos de Jalón. Huyeron de la austeridad y se refugiaron en oficinas y títulos, por eso sus palabras no tienen fuerza y no pueden causar impacto en el corazón de nadie; son repeticiones de conceptos de los cuales no entienden en absoluto su significado profundo.
En los años 80, hasta un bhakta que se sentaba en el vyasasana inspiraba con sus sencillas pero poderosas realizaciones, porque estaba entregando su vida. En esa clase, pude ver lo perdidos que están todos allí, no porque se necesite ser un erudito, sino porque falla totalmente la entrega correcta, absolutamente necesaria para captar poco a poco, pero poderosamente, la sabiduría que se puede desarrollar al escuchar el shastra.
Podemos escuchar a un ex-vaquero confundido que vive de las "rentas" de haberlo sido, a un irlandés que todavía no sabe qué son las tres modalidades, a una madre que está más confundida, a otra madre que se burla o emite bufidos a la mínima, a un Sebastián carcomido por la frustración, y a un "swami" que recuerda unas citas que a nadie iluminan porque son dichas de memoria.
A la pregunta de por qué hacemos servicio y no vemos a Krishna, la mejor respuesta parece venir de otro erudito seco, el ladrón Vedavyasa/Jansen: “por lo menos, al hablar de ello, estás pensando en Dios”. Vaya ayuda de los "swamis", un enfermo de poder y un ladrón impostor.
Y vaya seguidores, más confundidos que cabras en un garaje, con el colofón del loco violento, envalentonado porque nadie le ha dicho que lo que hizo no solo no está bien, sino que debería ser motivo suficiente para abandonar la finca para siempre.
Han perdido toda autoridad moral y rumbo. Toca consumirse y ser devorado por la propia falta de vergüenza, decoro y mínimo sentido de la verdad y la justicia.