Sannyasis con Pedigree 🐕: “EL PASTOR ALEMÁN” 🐾
La mejor parte de mi pubertad (de los 11 a los 17) la pasé en un seminario diocesano. Tras tan provechoso encierro, me urgía el deseo de comerme el mundo y elegí emigrar a Alemania. Quiso el azar que cayera en una ciudad (Kassel) que había sido demolida y reconstruida durante la Segunda Guerra Mundial. Justo lo que yo necesitaba.
Por aquel entonces, eran muchos los españoles que habían tenido la misma idea (se hablaba de seis millones de emigrantes en toda Europa, y más de 4,000 solo en la ciudad que me acogía). La Iglesia católica, siempre tan preocupada por el bienestar espiritual de sus hijos, no dudó en pactar un acuerdo con su homónima alemana para conseguir una iglesia donde los emigrantes españoles pudieran tener acceso al culto. Así fue como entré en contacto con el Padre Fermín, un burgalés joven, dinámico y de mente abierta.
Viniendo de donde yo venía, el contacto se estableció automáticamente para satisfacción de ambas partes. Tanto es así que, al final de su misión en Alemania, meses más tarde me pidió que volviera con él a su diócesis de Burgos. Cosa que hice con gusto.
Para un joven de 17 años en la España franquista del 68, pasar de una capital de provincia al “milagro alemán” era algo así como ir del paleolítico al capitalismo avanzado: todo era motivo de encanto y arrobamiento. Una iglesia preciosa con parking privado, calefacción central y un enorme salón donde los feligreses celebraban sus reuniones gastronómicas después del servicio religioso.
Pero lo que más impactó, sin duda, fue Die Priesterhaus (La Casa Parroquial). Una mansión de dos pisos con un inmenso jardín, huerto, parking privado y hasta piscina. Comentaba un devoto que no llegó a comprender el dicho “vida de perros” hasta que visitó la India y conoció a sus perros callejeros. A mí me ocurrió otro tanto cuando conocí “desde dentro” la vida de los clérigos alemanes.
Es por eso que, años más tarde, tuve la desdicha de conocer a un tal Veda Vyasa, que blasonaba de ser de raigambre vaisnava. Entendí enseguida el percal: ni ACBSP, ni brahmana-vaisnava ni cotufas en el golfo; la máxima aspiración de este elemento es llegar a vivir como un pastor alemán.
- Anónimo
La mejor parte de mi pubertad (de los 11 a los 17) la pasé en un seminario diocesano. Tras tan provechoso encierro, me urgía el deseo de comerme el mundo y elegí emigrar a Alemania. Quiso el azar que cayera en una ciudad (Kassel) que había sido demolida y reconstruida durante la Segunda Guerra Mundial. Justo lo que yo necesitaba.
Por aquel entonces, eran muchos los españoles que habían tenido la misma idea (se hablaba de seis millones de emigrantes en toda Europa, y más de 4,000 solo en la ciudad que me acogía). La Iglesia católica, siempre tan preocupada por el bienestar espiritual de sus hijos, no dudó en pactar un acuerdo con su homónima alemana para conseguir una iglesia donde los emigrantes españoles pudieran tener acceso al culto. Así fue como entré en contacto con el Padre Fermín, un burgalés joven, dinámico y de mente abierta.
Viniendo de donde yo venía, el contacto se estableció automáticamente para satisfacción de ambas partes. Tanto es así que, al final de su misión en Alemania, meses más tarde me pidió que volviera con él a su diócesis de Burgos. Cosa que hice con gusto.
Para un joven de 17 años en la España franquista del 68, pasar de una capital de provincia al “milagro alemán” era algo así como ir del paleolítico al capitalismo avanzado: todo era motivo de encanto y arrobamiento. Una iglesia preciosa con parking privado, calefacción central y un enorme salón donde los feligreses celebraban sus reuniones gastronómicas después del servicio religioso.
Pero lo que más impactó, sin duda, fue Die Priesterhaus (La Casa Parroquial). Una mansión de dos pisos con un inmenso jardín, huerto, parking privado y hasta piscina. Comentaba un devoto que no llegó a comprender el dicho “vida de perros” hasta que visitó la India y conoció a sus perros callejeros. A mí me ocurrió otro tanto cuando conocí “desde dentro” la vida de los clérigos alemanes.
Es por eso que, años más tarde, tuve la desdicha de conocer a un tal Veda Vyasa, que blasonaba de ser de raigambre vaisnava. Entendí enseguida el percal: ni ACBSP, ni brahmana-vaisnava ni cotufas en el golfo; la máxima aspiración de este elemento es llegar a vivir como un pastor alemán.
- Anónimo