← Volver al archivo
Crónicas de las Hespérides (1 de 3)

Llegó la hora para el príncipe de tomar decisiones importantes, y como siempre y para extrañeza de muchos, las tomaba con el corazón y la intuición más que con la cabeza.

¿Quién podía tener ese tipo de comprensión, más que uno que cada dia se enfrenta a fuerzas de la naturaleza insuperables (dragones y otras criaturas y hechizos) y siente que su brazo recoge la fuerza de la Verdad y vence una y otra vez, para deleite de los sabios y satisfacción de los justos?

Para él, la Trascendencia es una ocurrencia diaria y es un deber alinearse en la misma órbita y obtener así la determinación que viene de la certeza. Aún así, conserva la sencillez que viene de ver las cosas con sentido común.

Por tanto sabe que no es el hacedor, sino un simple instrumento, cada día era un día diferente y lleno de enseñanzas que muchas veces le conducían a comprenderse mejor a los demás y en consecuencia a si mismo.

Lo primero era que sus planes de permanecer en las Hespérides eran fatuos y vanos.

Ese supuesto sentimiento de seguridad sería (de hecho ya había empezado a ser) su cómoda tumba. El destino estaba claro, ahora debía esperar que le mostraran los pasos concretos a seguir.
← Volver Ir al archivo →