🌪️🤥 Liderazgo Tóxico en la Nueva Vrajamandala 🚫🤝
La falta de consistencia y autenticidad del presidente de la Nueva Vrajamandala, Javier Pera (Yadunandana), así como su incapacidad para establecer relaciones genuinas con los miembros, crea un ambiente negativo que impide la confianza y el compromiso necesarios para que cualquier proyecto tenga éxito.
Aunque el líder puede aparentar normalidad, (clásico de psicópata integrado) sus actitudes manipuladoras generan, con el tiempo, un clima insostenible. Su falta de habilidad para gestionar la organización de manera positiva terminará llevando al colapso de la comunidad.
Su desconexión con los residentes provoca un ambiente triste y desmotivador, lo que aleja a los devotos sinceros y desanima a la gente a vivir allí. Esta percepción de TAMO GUNA es compartida incluso por visitantes.
Como resultado, el nivel de conciencia entre los residentes disminuye drásticamente, llegando a situaciones caóticas que derivan en conflictos y violencia interna, como se ha visto en otros casos similares, por ejemplo en Virginia y el Palacio de Kirtanananda.
A corto y medio plazo, este ambiente tóxico bajo un liderazgo autoritario reduce la asistencia a eventos, provoca la espantada de residentes (muchos se van en cuanto tienen oportunidad) y ahuyenta a nuevos miembros valiosos.
Esto se refleja en la baja participación en actividades, y la ausencia de proyectos concretos exitosos, en contraste con comunidades bien gestionadas como la de Bélgica, que logran atraer a muchas personas.
En la foto: Kan-guru, cuya actividad principal es saltar de un lado para otro recogiendo donativos en su bolsa.
La falta de consistencia y autenticidad del presidente de la Nueva Vrajamandala, Javier Pera (Yadunandana), así como su incapacidad para establecer relaciones genuinas con los miembros, crea un ambiente negativo que impide la confianza y el compromiso necesarios para que cualquier proyecto tenga éxito.
Aunque el líder puede aparentar normalidad, (clásico de psicópata integrado) sus actitudes manipuladoras generan, con el tiempo, un clima insostenible. Su falta de habilidad para gestionar la organización de manera positiva terminará llevando al colapso de la comunidad.
Su desconexión con los residentes provoca un ambiente triste y desmotivador, lo que aleja a los devotos sinceros y desanima a la gente a vivir allí. Esta percepción de TAMO GUNA es compartida incluso por visitantes.
Como resultado, el nivel de conciencia entre los residentes disminuye drásticamente, llegando a situaciones caóticas que derivan en conflictos y violencia interna, como se ha visto en otros casos similares, por ejemplo en Virginia y el Palacio de Kirtanananda.
A corto y medio plazo, este ambiente tóxico bajo un liderazgo autoritario reduce la asistencia a eventos, provoca la espantada de residentes (muchos se van en cuanto tienen oportunidad) y ahuyenta a nuevos miembros valiosos.
Esto se refleja en la baja participación en actividades, y la ausencia de proyectos concretos exitosos, en contraste con comunidades bien gestionadas como la de Bélgica, que logran atraer a muchas personas.
En la foto: Kan-guru, cuya actividad principal es saltar de un lado para otro recogiendo donativos en su bolsa.