🏥 Segunda parte: Tortura y violencia psicológica encubierta
La persecución escaló: Devaprastha tuvo que ser medicado con antidepresivos después de la agresión física propinada por los esbirros de Javier Pera, con amenazas de muerte, provocándole crisis de pánico. Debido a la medicación, sufrió un accidente trabajando en mantenimiento: cayó desde 6 metros y se fracturó el brazo.
Hoy sigue sin acceso al templo y los servicios espirituales y es vigilado por el grupo violento vinculado a Javier Pera. Documentos psiquiátricos prueban el daño mental causado. Quienes lo apoyan son expulsados de la comunidad. Está prohibido acercarse a hablar con él. ¡La verdad está oculta tras el miedo y las amenazas!
Es, a todas luces, violencia física y mental orquestada para mantener el control. 💊🩹
Los hechos están denunciados en acumulación de denuncia ante los juzgados de Guadalajara.
Esto es una mafia que mata y viola el alma.
Te rompe tu integridad, esto no son ni personas.
No sólo destruyen la voluntad y la paz interior de quienes se atreven a alzar la voz, sino que siembran el terror para que nadie más se atreva a desafiar su autoridad.
El aislamiento forzado, la manipulación psicológica y la exclusión social son herramientas que utilizan para doblegar a cualquier disidente. Es un entramado de poder que se alimenta del sufrimiento ajeno y del silencio impuesto.
Quienes han intentado denunciar o proteger a Devaprastha han sido igualmente amenazados, perseguidos y expulsados, quedando marcados como enemigos.
La comunidad vive bajo un clima de miedo constante, donde la lealtad se mide por la sumisión y el silencio, y cualquier gesto de empatía o justicia es castigado sin piedad.
Esta situación no sólo es un atentado contra los derechos humanos, sino una herida profunda en el tejido espiritual y moral de la comunidad. Es urgente que la verdad salga a la luz y que la justicia actúe para frenar este ciclo de abuso y restaurar la dignidad de las víctimas.
¡No podemos permitir que el miedo siga siendo el guardián de la mentira!
La persecución escaló: Devaprastha tuvo que ser medicado con antidepresivos después de la agresión física propinada por los esbirros de Javier Pera, con amenazas de muerte, provocándole crisis de pánico. Debido a la medicación, sufrió un accidente trabajando en mantenimiento: cayó desde 6 metros y se fracturó el brazo.
Hoy sigue sin acceso al templo y los servicios espirituales y es vigilado por el grupo violento vinculado a Javier Pera. Documentos psiquiátricos prueban el daño mental causado. Quienes lo apoyan son expulsados de la comunidad. Está prohibido acercarse a hablar con él. ¡La verdad está oculta tras el miedo y las amenazas!
Es, a todas luces, violencia física y mental orquestada para mantener el control. 💊🩹
Los hechos están denunciados en acumulación de denuncia ante los juzgados de Guadalajara.
Esto es una mafia que mata y viola el alma.
Te rompe tu integridad, esto no son ni personas.
No sólo destruyen la voluntad y la paz interior de quienes se atreven a alzar la voz, sino que siembran el terror para que nadie más se atreva a desafiar su autoridad.
El aislamiento forzado, la manipulación psicológica y la exclusión social son herramientas que utilizan para doblegar a cualquier disidente. Es un entramado de poder que se alimenta del sufrimiento ajeno y del silencio impuesto.
Quienes han intentado denunciar o proteger a Devaprastha han sido igualmente amenazados, perseguidos y expulsados, quedando marcados como enemigos.
La comunidad vive bajo un clima de miedo constante, donde la lealtad se mide por la sumisión y el silencio, y cualquier gesto de empatía o justicia es castigado sin piedad.
Esta situación no sólo es un atentado contra los derechos humanos, sino una herida profunda en el tejido espiritual y moral de la comunidad. Es urgente que la verdad salga a la luz y que la justicia actúe para frenar este ciclo de abuso y restaurar la dignidad de las víctimas.
¡No podemos permitir que el miedo siga siendo el guardián de la mentira!