🎭 Málaga y Nueva Vrajamandala: jugadas políticas y teatrales
Parece que tanto Málaga como Nueva Vrajamandala están siguiendo un libreto ya ensayado: anunciar una “dimisión” para calmar aguas… mientras el verdadero poder sigue gobernando tras bambalinas. ¿No os suena todo esto al caso Málaga?
En Málaga, Vinod “renunció” al cargo de manera semi-pública, pero nunca se fue realmente. El poder se transfirió a alguien de confianza —en este caso, Jiva Tattva— y todo sigue igual: decisiones, dinero y control permanecen intactos, a pesar del cambio de fachada.
Ahora en Nueva Vrajamandala, Javier Pera (Yadunandana Swami) parece querer repetir el guion. Se quita la corona públicamente, presionado por multas, caos interno y la presión mediática, pero no se va. Se queda tras bambalinas protegido por Dharmaraj y su esposa, quienes parecen dispuestos a inmolarse por “el bien del proyecto” sin entender del todo lo que se les viene encima.
La jugada es clara:
Se finge una transición de liderazgo para limpiar la cara pública del templo.
Se gana tiempo para mover propiedades a la Fundación Abhay, controlada por los mismos de siempre.
Se mantiene el control real mientras la función sigue.
En definitiva, Nueva Vrajamandala se convierte en el Málaga 2.0. Solo que esta vez, el escenario es rural, los actores son más torpes, y el guion más obvio.
👀 Seguimos atentos. La función no ha terminado.
Parece que tanto Málaga como Nueva Vrajamandala están siguiendo un libreto ya ensayado: anunciar una “dimisión” para calmar aguas… mientras el verdadero poder sigue gobernando tras bambalinas. ¿No os suena todo esto al caso Málaga?
En Málaga, Vinod “renunció” al cargo de manera semi-pública, pero nunca se fue realmente. El poder se transfirió a alguien de confianza —en este caso, Jiva Tattva— y todo sigue igual: decisiones, dinero y control permanecen intactos, a pesar del cambio de fachada.
Ahora en Nueva Vrajamandala, Javier Pera (Yadunandana Swami) parece querer repetir el guion. Se quita la corona públicamente, presionado por multas, caos interno y la presión mediática, pero no se va. Se queda tras bambalinas protegido por Dharmaraj y su esposa, quienes parecen dispuestos a inmolarse por “el bien del proyecto” sin entender del todo lo que se les viene encima.
La jugada es clara:
Se finge una transición de liderazgo para limpiar la cara pública del templo.
Se gana tiempo para mover propiedades a la Fundación Abhay, controlada por los mismos de siempre.
Se mantiene el control real mientras la función sigue.
En definitiva, Nueva Vrajamandala se convierte en el Málaga 2.0. Solo que esta vez, el escenario es rural, los actores son más torpes, y el guion más obvio.
👀 Seguimos atentos. La función no ha terminado.