El escrito a continuación no tiene en cuenta que el tal maestro abusó sexualmente de varias discípulas y muestra cómo la ceguera fanática no deja ver la realidad.
"Mi querido y amado Gurudeva, ¿tú pidiendo perdón? Siempre tan humilde. ¿Pides perdón por ser tan misericordioso con las madres, por enseñarnos tanto? Aún recuerdo cuando era una niña casi y te veía de lejos. Pensaba que la vida era un poco injusta: 'Es mi padre espiritual y no puedo tocarle los pies porque soy una mujer'.
En ese entonces, las mujeres te dábamos reverencias como un sannyasi, monje renunciante, desde lejos con mucho respeto. Tú rompiste esos cercos, creados para protegerte; tú valientemente nos tomaste las manos, nos abrazaste cuando al saludarte queríamos inclinarnos al suelo. Nos defendiste muchas veces. No querías que nos sintiéramos inferiores. Nos pusiste lado a lado con tus devotos. Abriste bellos ashram de madres, confiando en nosotras, nos hiciste líderes siempre. Nunca querías que nos sintiéramos menos por ser mujeres, pues nos amabas como tus hijas.
Hoy me duele, padre, ver cómo te culpan y señalan sin mostrar misericordia. Por ese deseo de cambiar este mundo, de hacerlo más justo y bello, para todos los seres. Y aunque humildemente aceptas tus "errores" en una carta, puedo decirte que esos "errores" que hoy te obligan a aceptar cambiaron nuestras vidas para siempre. Me siento orgullosa de que seas mi maestro, padre y amigo. Dāndavats Pranams eternamente."
Reflexión
La carta que presenta esta discípula refleja una devoción profunda y una visión idealizada de su maestro, a quien llama "querido y amado Gurudeva" y describe con términos de humildad, misericordia y paternalismo amoroso. Sin embargo, el problema central es que esta percepción no reconoce ni confronta el hecho grave de que el maestro abusó sexualmente de varias discípulas.
Este tipo de carta ilustra cómo la lealtad ciega y la fe fanática pueden impedir que una persona vea la realidad objetiva, especialmente cuando se trata de abusos cometidos contra quienes deberían estar protegidas y respetadas.
La discípula habla de perdón, humildad y misericordia hacia el maestro, mientras minimiza o ignora por completo el daño causado a las víctimas.
Además, se evidencia un mecanismo psicológico común en contextos de abuso a nivel espiritual o de poder, donde el abusador es idealizado para justificar sus actos o evitar enfrentarlos.
El comentario esencial es que, aunque la carta exprese sentimientos sinceros de amor y respeto, ese tipo de fanatismo o ceguera espiritual actúa como barrera para la justicia y la protección de los derechos y la dignidad de las víctimas.
La verdadera compasión y humildad deberían incluir reconocer el daño causado, responsabilizarse con transparencia y buscar reparación para las personas afectadas. Sin ese reconocimiento, el abuso se niega y se perpetúa bajo una narrativa distorsionada que protege al agresor en nombre de la fe.
Por tanto, es crucial abordar estos casos con claridad y firmeza, apoyando a las víctimas y promoviendo una espiritualidad basada en el respeto real, la igualdad y la ética, no en la idolatría que silencia el abuso.
Y, después de caer de una forma tan clara, no debería usar ropa naranja para no mofar y perpetuar la farsa. NO es un devoto puro. NO está libre de la vida sexual. ¿Tan difícil es entenderlo? Esa carta refleja un "enamoramiento" que es contraproducente con la claridad y análisis que se espera de un espiritualista serio.
"Mi querido y amado Gurudeva, ¿tú pidiendo perdón? Siempre tan humilde. ¿Pides perdón por ser tan misericordioso con las madres, por enseñarnos tanto? Aún recuerdo cuando era una niña casi y te veía de lejos. Pensaba que la vida era un poco injusta: 'Es mi padre espiritual y no puedo tocarle los pies porque soy una mujer'.
En ese entonces, las mujeres te dábamos reverencias como un sannyasi, monje renunciante, desde lejos con mucho respeto. Tú rompiste esos cercos, creados para protegerte; tú valientemente nos tomaste las manos, nos abrazaste cuando al saludarte queríamos inclinarnos al suelo. Nos defendiste muchas veces. No querías que nos sintiéramos inferiores. Nos pusiste lado a lado con tus devotos. Abriste bellos ashram de madres, confiando en nosotras, nos hiciste líderes siempre. Nunca querías que nos sintiéramos menos por ser mujeres, pues nos amabas como tus hijas.
Hoy me duele, padre, ver cómo te culpan y señalan sin mostrar misericordia. Por ese deseo de cambiar este mundo, de hacerlo más justo y bello, para todos los seres. Y aunque humildemente aceptas tus "errores" en una carta, puedo decirte que esos "errores" que hoy te obligan a aceptar cambiaron nuestras vidas para siempre. Me siento orgullosa de que seas mi maestro, padre y amigo. Dāndavats Pranams eternamente."
Reflexión
La carta que presenta esta discípula refleja una devoción profunda y una visión idealizada de su maestro, a quien llama "querido y amado Gurudeva" y describe con términos de humildad, misericordia y paternalismo amoroso. Sin embargo, el problema central es que esta percepción no reconoce ni confronta el hecho grave de que el maestro abusó sexualmente de varias discípulas.
Este tipo de carta ilustra cómo la lealtad ciega y la fe fanática pueden impedir que una persona vea la realidad objetiva, especialmente cuando se trata de abusos cometidos contra quienes deberían estar protegidas y respetadas.
La discípula habla de perdón, humildad y misericordia hacia el maestro, mientras minimiza o ignora por completo el daño causado a las víctimas.
Además, se evidencia un mecanismo psicológico común en contextos de abuso a nivel espiritual o de poder, donde el abusador es idealizado para justificar sus actos o evitar enfrentarlos.
El comentario esencial es que, aunque la carta exprese sentimientos sinceros de amor y respeto, ese tipo de fanatismo o ceguera espiritual actúa como barrera para la justicia y la protección de los derechos y la dignidad de las víctimas.
La verdadera compasión y humildad deberían incluir reconocer el daño causado, responsabilizarse con transparencia y buscar reparación para las personas afectadas. Sin ese reconocimiento, el abuso se niega y se perpetúa bajo una narrativa distorsionada que protege al agresor en nombre de la fe.
Por tanto, es crucial abordar estos casos con claridad y firmeza, apoyando a las víctimas y promoviendo una espiritualidad basada en el respeto real, la igualdad y la ética, no en la idolatría que silencia el abuso.
Y, después de caer de una forma tan clara, no debería usar ropa naranja para no mofar y perpetuar la farsa. NO es un devoto puro. NO está libre de la vida sexual. ¿Tan difícil es entenderlo? Esa carta refleja un "enamoramiento" que es contraproducente con la claridad y análisis que se espera de un espiritualista serio.