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"LA APSARA RUSA"
Prahlad Alfageme
Cuando el Señor Brahma creó el universo, quiso que cada especie tuviera su depredador. De esta ley, tan estrecha, no se escapa ninguna entidad viviente, al punto que hasta sus propios hijos y los rishis del bosque se ven con frecuencia obstaculizados en la práctica de sus sacrificios rituales.

En Satya Yuga, no existe el menor conflicto y todo es apacible y benigno; pero a partir de Treta Yuga y, sobre todo, en Dwapara Yuga, los rakshasas comienzan a hacerle la vida imposible a los vana-vasis (los eremitas habitantes del bosque). Vishvamitra Muni viajó a pedirle a Su Majestad Dasharatha que le confiara sus dos hijos, Rama y Laxman, para combatir tan maligna plaga.

El maligno cambia de estrategia en cada Yuga. En la que viene después, predomina sobre todo la artimaña que emplean los semidioses y lokapalas (habitantes de los planetas celestiales) para impedir que un devoto muy avanzado en sus penitencias llegue, en su próxima vida, a usurpar su puesto hegemónico en los planetas edénicos. ¿Qué hace entonces? Manda a la Tierra a una apsara para quebrantar sus votos y hacerle perder el fruto de su tapasya.

Hay cientos de ejemplos en los shastras de grandes devotos tentados por apsaras: desde Vishvamitra Muni hasta Parantapa Prabhu, pasando por Haridas Thakur... La lista sería más larga que la cola de parados del INEM.

El yatra ruso creció como champiñones en los campos de "reeducación" del Gulag soviético. Pero es común en la naturaleza que un árbol de savia amarga dé frutos dulces (como el mango). En ese contexto surge la "Apsara Rusa".

En realidad, todas son apsaras, doncellas celestiales de Apsara-loka —un planeta entre la Tierra y Gandharva-loka—, donde retozan bailarinas y actrices. Su misión al descender es tentar a los devotos. Para un yogi, esto sería una tragedia; pero un devoto experto en yukta-vairagya aprovecha incluso la tentación para servir al Señor.

La "Apsara Rusa" posee un magnetismo único: tacto cálido en invierno, fresco en verano, mezcla de geisha japonesa con masala indio y un toque de devī. Su inteligencia rivaliza con su destreza física, como demuestra el lema sueco: "Cuando tú vas... yo VOLVO".

En nuestra institución, merecer los favores de una rusa cotiza más que un máster en Harvard. Estas doncellas sienten debilidad por devotos avanzados, especialmente ACBSP en lugares sagrados como Mayapur o Vrindavan, que pagan en efectivo con American Express.

Antes, el nivel espiritual se medía por las cuentas del japa-mala; hoy, por las curvas de la rusa que lo domina. Hasta la Iglesia Católica añadió una coletilla al matrimonio: "Os declaro marido y mujer: id en paz, hasta que una rusa os separe".

La Apsara Rusa es ortodoxa, de raíces cósacas y cultura védica. Su ADN las hace jinete y montura a la vez, con versatilidad que supera al camaleón. Su éxito radica en adaptarse a cualquier rol: del Kama-sutra al látex, siempre con elegancia.

Como reza el código kshatriya: "Cuando un caballero desenvaina su espada... es para usarla". Si la apsara prueba al devoto, que Dios nos pille con la vyagra bajo la almohada.
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