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¿Quién es Purushatraya Swami?
Purushatraya S. llegó a España con fama de líder espiritual. Es un predicador elocuente, conocedor de las escrituras, que viaja por América Latina, Brasil y Europa atrayendo seguidores. Para muchos es un sanyasi, un renunciante, una voz de autoridad. Pero detrás de su imagen pública hay sombras muy densas.

Se infiltró en ISKCON no como víctima, sino como alguien que supo manipular desde dentro. Se presentó siempre como un opositor del BBT, pero no por integridad, sino porque veía en ello la oportunidad de construir su propio reino en Parati.

Uno de los episodios más escandalosos es su vínculo con un pedófilo, a quien defiende públicamente cuando fue señalado por crímenes horribles en Nova Gokula. Quienes lo rodeaban recuerdan cómo le defendió ante las autoridades: declaraba que “no había pasado nada”, aún sabiendo que había víctimas, en concreto una niña de 5 años. Para varios testigos, ése fue el quiebre: Purushatraya ya no era un maestro espiritual, sino un encubridor.

En su red tejida por América Latina aparecían personajes secundarios: un portugués que lo presentó en Brasil y se volvió discípulo. Una mujer “esquizo” y fanática, que lo apoyaba sin reservas aunque sabiendo las acusaciones. Devotos de Perú, Chile y Colombia, ingenuos y sumisos, que seguían su liderazgo pese a los rumores.

En medio de esas alianzas turbias, Purushatraya manejaba discípulos como fichas de ajedrez. Observaba, calculaba, acomodaba parejas, separaba matrimonios, todo basado en su conveniencia política. Quería discípulos controlables y resentía profundamente a quienes se le escapaban.

Un narrador testigo —un ex-discípulo, que luego se convierte en uno de los principales testigos— describe cómo Purushatraya intentó desacreditarlo. Lo acusaba de “lujurioso”, de “desviado”, con el único propósito de apartarlo de la comunidad. Una vez, el conocido pedófilo (Ramadhanu dasa) y protegido de Purushatraya, estaba molestándole y el testigo acabo enfrentándole físicamente: lo agarró del cuello y le dijo que si había pelea, nadie lo defendería. Esa confrontación marcó un antes y un después

La historia también muestra la dimensión social del problema: cientos de devotos dieron sus vidas a la misión de Purushatraya y quedaron en la ruina. Pasaron décadas trabajando sin recibir formación ni garantías, y hoy viven bajo puentes, enfermos, sin seguro ni pensión. La metáfora es dura: “fueron como limones exprimidos y arrojados a la basura”.

El personaje que interpreta Purushatraya encarna al predicador carismático convertido en depredador: alguien que habla en nombre de lo sagrado, pero que en realidad busca poder, dinero y control. Sus discursos son impecables, llenos de citas y versos, pero sus intenciones son destructivas.

Porque su principal fuerza es la motivación por ambiciones personales, cuando se mezcla con impersonalismo "es su karma" se crean estos monstruos que se van haciendo poco a poco unos psicópatas, y les va importando cada vez menos las circunstancias personales de sus allegados.

Hay innumerables escenas históricas de templos en Brasil, Perú y España con confrontaciones personales, como la de Hrdayananda y otros líderes peleando entre sí. Se entrelazan recuerdos de familias destruidas, mujeres manipuladas, discípulos abandonados y comunidades enteras diezmadas.

Cuando comprendes que el legado de Purushatraya no es espiritualidad, sino la devastación humana: jóvenes envejecidos sin futuro, madres desilusionadas, discípulos quebrados. Lo que más indigna es que Purushatraya aún viaja, aún predica, aún se presenta como maestro. Y todavía hay quienes lo defienden.

América Latina, con su tradición de obediencia heredada del virreinato, sigue produciendo seguidores sumisos que entregan su vida a falsos líderes. Esa ingenuidad colectiva es parte del drama.

Purushatraya es un falso guru que desgarra la comunidad. Su historia avanza no solo como retrato individual, sino también como denuncia de una época y de toda una generación de fieles explotados.
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