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Carta de una devota brasileira en relación con Purushatraya Swami Pswami
El problema
Como practicantes de bhakti-yoga en la tradición traída por Srila Prabhupada, recibimos con mucha indignación y tristeza el "Mensaje a los discípulos y amigos" con una "nota de repudio" escrita por Purushatraya Swami, imputando a Paravyoma Prabhu, padre de una víctima de abuso sexual ocurrido dentro de la Comunidad de Nueva Gokula, cuando era solo una niña, la responsabilidad por la reacción y crítica internacional contra el abuso de menores en ISKCON. Por el contenido de la nota, concluimos que Purushatraya Swami juzga y condena al padre de una niña víctima de violación para defender al violador.

Es interesante observar que P. Swami, al sugerir compasión al abusador, no muestra ninguna empatía hacia Paravyoma Prabhu. Es incómodo que un líder espiritual pueda desatar ofensas personales contra un hermano espiritual, quien debería recibir una disculpa por parte de ISKCON. La única respuesta posible a la pregunta planteada en dicho mensaje sobre quién es Paravyoma Prabhu sería que él es uno de nuestros devotos más avanzados espiritualmente, por el simple hecho de mantenerse fiel al movimiento de Srila Prabhupada, incluso frente a la insensibilidad de personas como P. Swami y de las autoridades de la época del caso de abuso contra su hija.

El mensaje de Purushatraya Swami minimiza en muchos puntos el hecho incontestable (el abusador es un reo confeso) de que la víctima fue violada durante cuatro años, cuando aún era una niña, de varias maneras y fue silenciada con amenazas a su vida. Para empeorar, el texto utiliza el cruel argumento de que la víctima siguió con su vida y hoy se encuentra bien, afirmando que la mayoría de los devotos está a favor del perdón al abusador, sin presentar ninguna autorización que respalde esta afirmación. El hecho de que esta (hoy) mujer esté bien es un mérito de ella impresionante, que jamás anula lo que sucedió de nefasto con ella y no disminuye en nada el terrible hecho de que fue un crimen impune en todos los niveles. ¿En qué momento se tratan los crímenes de esta manera? Es decir, si la víctima o aquellos cercanos a ella están bien, ¿podemos olvidar el crimen o este se reduce automáticamente? La presencia del abusador en los templos, hoy mayoritariamente frecuentados por familias, es realmente incómoda y genera un horrible sentimiento de crímenes atroces encubiertos por las instituciones religiosas, sobre todo con niños y mujeres.

Todas las tradiciones religiosas de la historia son unánimes al afirmar que la verdadera misericordia reside en el perdón otorgado únicamente por la víctima a las ofensas cometidas en su contra. Solo el ofendido tiene el poder de perdonar. No existe misericordia en la conducta de quien pretende perdonar ofensas cometidas contra terceros. En este caso, parece que estamos ante un acto de "indulgencia" realizado presuntamente por P. Swami, donde el perdón es invocado como un acto de autoridad episcopal frente a alguna contraprestación, como en la Edad Media católica.

Llama la atención el hecho de que P. Swami quiera descalificar a Paravyoma Prabhu para defender al abusador, usando argumentos de carácter material. Contrario a todas las enseñanzas dejadas por Srila Prabhupada –"vida simple, pensamiento elevado"– llegamos al insólito momento en que un sannyasi juzga una vida como "fracasada" por la falta de acumulación de riquezas. Parece que la “teología de la prosperidad”, en alta en las iglesias neopentecostales, finalmente se revela en la Conciencia de Krishna. Quien no acumula riquezas no tiene prosperidad, un pensamiento completamente apartado de toda la cultura espiritual. El verdadero próspero no es quien acumula riquezas, sino aquel que se rinde a Dios. Nada falta para el espiritualmente próspero, porque él depende completamente de Krishna. Al contrario de lo sugerido por P. Swami, ¡son pocos los devotos tan prósperos como Paravyoma Prabhu!

Necesitamos también estar atentos a una cultura de misoginia, en la cual la violencia contra mujeres, incluso adolescentes y niñas, sea naturalizada. El argumento de P. Swami de que el abuso cometido contra la hija de Paravyoma Prabhu ocurrió hace más de 30 años, termina ocultando otras denuncias que involucran al mismo abusador, que ocurrieron a lo largo de más de una década, hasta el momento en que fue prohibido residir y pernoctar en Nueva Gokula, después de haber burlado las sanciones que ya le habían sido impuestas, revelando cinismo y manipulación.

Recordar para no olvidar, ¡para que nunca más suceda! Lo que está en juego no es solo el juicio sobre un hecho gravísimo criminal, ocurrido hace más de 30 años. Lo más relevante en todas las manifestaciones contra el movimiento de P. Swami en favor del olvido es superar el trauma. El trauma impide la conexión psíquica y la inscripción del evento, generando un olvido que no es un borrado, sino una negación de la experiencia, llevando a su repetición compulsiva. Si queremos verdaderamente superar (o borrar) este momento degradante de la historia del movimiento Hare Krishna, debemos mantener viva la llama del recuerdo, pues solo al recordar es posible elaborar la memoria traumática, superando la repetición en acción.

Purushatraya Swami necesita definitivamente entender que el orden de vida de renuncia no puede ser traducido como renuncia a la vida. Estamos ante la vida de devotos. La posibilidad de que el abusador se haya arrepentido y esté llevando una vida en conciencia de Krishna, de acuerdo con la descripción de P. Swami, no aleja en nada el dolor sentido por las víctimas y sus familiares. Y más: la pedofilia es entendida por la ciencia como una psicopatía incurable. A diferencia de otras, que se controlan con medicación o alguna práctica, la pedofilia no es curable. El sujeto tiene atracción sexual hacia niños. Y no es, obviamente, un desvío moral, donde el sujeto solo se perjudica a sí mismo.

La búsqueda por mantener la sanción impuesta hace años por el CPO (Child Protection Office), la Oficina de Protección al Niño de ISKCON Brasil, al contrario de lo sugerido por P. Swami, no es un “intento histérico de venganza sentimentalista” o “malicia”. Es simplemente un intento serio de reparar un inmenso daño causado no solo a una devota y su familia, sino a todos los integrantes de nuestra sociedad. Necesitamos definitivamente evitar que acciones criminales y atroces, como el abuso de niños, vuelvan a ocurrir respaldadas de forma equivocada en hermosos versos que evocan la misericordia vaishnava.

Lo más grave en el mensaje de P. Swami es la total ausencia de compasión por el sufrimiento de Paravyoma Prabhu y su hija. Es a ellos a quienes nosotros, en nombre de Srila Prabhupada, pedimos perdón. Como practicantes de bhakti-yoga no podemos quedarnos callados ante la total inversión de valores presente en los argumentos de P. Swami. Vamos a buscar en el ámbito institucional la merecida retracción de Purushatraya Swami por las ofensas proferidas a Paravyoma Prabhu.
En la foto con uno de los mayores y más despiadados abusadores en ISKCON de todos los tiempos.
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