🌟 La Dura Realidad en Nova Gokula: Un Relato en Primera Persona 🌟
Recientemente, una serie de publicaciones sobre Nova Gokula, una comunidad conocida por sus prácticas espirituales y devocionales, han arrojado luz sobre algunas realidades internas que muchos prefieren no discutir. A través de una experiencia personal, profundizaremos en los desafíos que enfrentan quienes llegan a esta comunidad con grandes expectativas espirituales.
Al regreso de India, después de una experiencia transformadora de tocar con Aindra, estaba muy espiritualizado y con el mensaje del cantar el maha mantra muy claro, lleno de fervor y propósito espiritual. La expectativa de encontrar un entorno similar en Nova Gokula, al que llegué con entusiasmo, pronto fue desmentida. La bienvenida se dio en condiciones humildes: un corral improvisado, sin luz, agua corriente, ni instalaciones básicas de aseo, que distaba mucho del denominado "ashram" destinado a visitantes.
A pesar de las circunstancias, el compromiso espiritual no flaqueó. Asumí la responsabilidad de marcar el inicio del día tocando el bucio para el mangala artik, una ceremonia matutina esencial. Sin embargo, la vibrante llamada no siempre fue bien recibida, dejando al desnudo una crítica silenciosa: la falta de entusiasmo colectivo para esta práctica clave. Menos del 10% de los residentes participaban regularmente, evidenciando una desconexión entre el ideal y la realidad.
Tocaba harmonium en el templo, pero mi entusiasmo no fue bien recibido por todos. Me hicieron callar, alegando que distraía a los pujaris. Un día, en una reunión con el presidente del templo, me desconcertó escuchar que, para atraer a los visitantes, deberíamos cantar mantras "amigables" y no el maha mantra.
En el samadhi de Srila Prabhupada, vi clases de yoga con posturas inapropiadas, un irrespeto al legado de nuestro fundador. Lo que una vez fue un refugio espiritual se había convertido en un paraíso hippie, pero ni siquiera uno de buena onda. La comunidad que quería tanto se había transformado, y mi desacuerdo público con el enfoque de Krishna West me marcó como un enemigo, alejándome aún más.
Recuerdo cuando cantaba para Radha Gokulananda hasta que un residente interrumpió mi kirtan. Me dijo claramente que allí no era bienvenido, que mi continua divergencia con mi diksha guru me había puesto al margen de la comunidad. Con tristeza en el alma, comprendí que Nova Gokula ya no era el hogar espiritual que un día fue para mí.
Recientemente, una serie de publicaciones sobre Nova Gokula, una comunidad conocida por sus prácticas espirituales y devocionales, han arrojado luz sobre algunas realidades internas que muchos prefieren no discutir. A través de una experiencia personal, profundizaremos en los desafíos que enfrentan quienes llegan a esta comunidad con grandes expectativas espirituales.
Al regreso de India, después de una experiencia transformadora de tocar con Aindra, estaba muy espiritualizado y con el mensaje del cantar el maha mantra muy claro, lleno de fervor y propósito espiritual. La expectativa de encontrar un entorno similar en Nova Gokula, al que llegué con entusiasmo, pronto fue desmentida. La bienvenida se dio en condiciones humildes: un corral improvisado, sin luz, agua corriente, ni instalaciones básicas de aseo, que distaba mucho del denominado "ashram" destinado a visitantes.
A pesar de las circunstancias, el compromiso espiritual no flaqueó. Asumí la responsabilidad de marcar el inicio del día tocando el bucio para el mangala artik, una ceremonia matutina esencial. Sin embargo, la vibrante llamada no siempre fue bien recibida, dejando al desnudo una crítica silenciosa: la falta de entusiasmo colectivo para esta práctica clave. Menos del 10% de los residentes participaban regularmente, evidenciando una desconexión entre el ideal y la realidad.
Tocaba harmonium en el templo, pero mi entusiasmo no fue bien recibido por todos. Me hicieron callar, alegando que distraía a los pujaris. Un día, en una reunión con el presidente del templo, me desconcertó escuchar que, para atraer a los visitantes, deberíamos cantar mantras "amigables" y no el maha mantra.
En el samadhi de Srila Prabhupada, vi clases de yoga con posturas inapropiadas, un irrespeto al legado de nuestro fundador. Lo que una vez fue un refugio espiritual se había convertido en un paraíso hippie, pero ni siquiera uno de buena onda. La comunidad que quería tanto se había transformado, y mi desacuerdo público con el enfoque de Krishna West me marcó como un enemigo, alejándome aún más.
Recuerdo cuando cantaba para Radha Gokulananda hasta que un residente interrumpió mi kirtan. Me dijo claramente que allí no era bienvenido, que mi continua divergencia con mi diksha guru me había puesto al margen de la comunidad. Con tristeza en el alma, comprendí que Nova Gokula ya no era el hogar espiritual que un día fue para mí.