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Palabras para pensar
(de un loco para otro loco)
De las entrañas del silencio emergen convicciones confidenciales acerca de la existencia de Dios, del propósito de la vida en la tierra, y de la eterna integración de ésta y de todo cuanto existe en el seno atemporal de la Suprema Realidad.

Somos hijos de un silencio estructural que nos mantiene accidentalmente sumergidos en las profundidades de lo no esencial, mientras soñamos que estamos despiertos creyendo que la única realidad posible es la que vemos con los ojos y tocamos con las manos. De este drama tradicionalmente primitivo emerge la desazón existencial que todo el mundo experimenta y nadie sabe cómo descifrar.

La entera humanidad es una indefensa manada de seres alocados –prácticamente muertos creyendo estar vivos– que se buscan a sí mismos peleando unos contra otros, lo mismo que las hormigas rojas, o las fieras de la selva. Pero, aunque nadie lo sepa, todos somos soles de otros mundos que por momentos dudan de sí mismos sin saber que ninguna oscuridad los puede derrotar.

¿Por qué, si la respuesta a todos los porqués es el amor, desperdiciamos la vida con infundada desconfianza en nosotros mismos y en el Dios que nos creó, dotados de libre albedrío y de suficiente inteligencia para usarlo?
Algo me dice que las preguntas sin respuesta son una enfermedad, cuya única cura es el silencio.

Nota: Estas cosas solo puedo escribirlas mientras canto Hare Krishna borracho de silencio.
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