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La filosofía vaishnava, que venera profundamente al maestro espiritual genuino, es también la que con más fuerza condena al impostor. Si la persona glorificada es un farsante, la ceremonia de Vyāsa Pūjā, en lugar de ser un acto sagrado, se transforma en una ofensa. Deja de honrar a la sucesión discipular (paramparā) para convertirse en un culto al ego del individuo, una parodia vacía del principio del guru.

La cita sobre obtener la perfección mediante la asociación con un "devoto puro" (CC Madhya 22.54) pierde toda validez. La compañía de un falso devoto es asat-saṅga, una asociación dañina que, según las mismas escrituras, conduce al desvío espiritual, no a la perfección. La tradición védica no demanda fe ciega, sino un análisis crítico. Por tanto, celebrar a un farsante no es una "fortuna", sino una desgracia que obstaculiza el camino del buscador sincero.
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