Capítulo 8 de The Gita Playbook
Autoestima
Priya mantiene un marcador mental. No conscientemente. No deliberadamente. Pero está ahí, funcionando constantemente en el trasfondo de cada interacción, de cada logro, de cada fracaso.
Buena presentación en la revisión trimestral: +10 puntos.
Olvidó responder el correo del cliente durante tres días: -15 puntos.
Elogiada por el gerente: +20 puntos.
Escuchó a un colega decir que ella «no lo entiende»: -30 puntos.
El marcador lo determina todo: cómo se siente consigo misma, si merece ocupar espacio en una habitación, si tiene permiso para hablar en las reuniones, si es digna de amor, respeto o pertenencia.
Ahora mismo, sentada en su escritorio a las 7:15 PM —la oficina casi vacía, los de limpieza haciendo sus rondas—, el marcador está bajo. Muy bajo.
Hoy no cumplió con una fecha límite. No por mucho —solo unas horas—, y al cliente ni siquiera pareció importarle. Pero a Priya sí le importa. Porque el marcador no califica en curva ni considera el contexto. Es absoluto. Binario. Éxito o fracaso. Digna o indigna.
Y esta noche, es indigna.
Su teléfono vibra. Es su hermana, preguntando si quiere ir a cenar. Priya mira el mensaje.
No, piensa. No merezco cenar. No merezco disfrutar de nada. No hasta que me lo haya ganado de vuelta.
Rechaza la invitación. Dice que está ocupada. Vuelve a su pantalla, al trabajo que podría restaurar algunos puntos, que podría elevarla lo suficiente como para sentirse humana de nuevo.
Así ha vivido durante treinta y cuatro años. Y está agotada.
Tu Valor No Es Condicional
La mayoría de nosotros llevamos una versión del marcador de Priya. Lo aprendimos de jóvenes: de padres que nos elogiaban cuando teníamos éxito y se retiraban cuando fracasábamos; de maestros que medían nuestro valor con calificaciones; de una cultura que nos dice que solo somos tan valiosos como nuestra productividad, nuestra belleza, nuestros logros o nuestra utilidad.
La ecuación es simple:
Valor = Desempeño.
Hazlo bien → siéntete bien contigo mismo.
Hazlo mal → siente vergüenza, insuficiencia, indignidad.
Suena lógico. Suena a cómo funciona el mundo. Y en cierto sentido, así es: las recompensas siguen al desempeño; las consecuencias, a los errores.
Pero aquí está la mentira oculta en esa ecuación: tú no eres tu desempeño.
Tu ser esencial —la conciencia, el alma, el testigo eterno— no se vuelve más valioso cuando tienes éxito ni menos valioso cuando fracasas. No acumula valor a través de logros ni lo pierde a través de errores. Simplemente es. Eternamente. Completamente. Independiente de todo lo temporal.
Sin embargo, lo hemos olvidado. Hemos confundido nuestros roles con nuestro ser. Pensamos que somos lo que hacemos, lo que logramos, lo que otros piensan de nosotros. Y así nuestro sentido de valor se vuelve condicional. Frágil. Sujeto a evaluación y reevaluación constante.
¿El resultado? Agotamiento. Ansiedad. Un esfuerzo interminable que nunca llega a una paz duradera. Porque no importa cuántos puntos acumules, el marcador siempre puede volver a cero. Un error. Una crítica. Un fracaso. Y de repente, eres indigno otra vez.
El Gītā Habla: El Ser Inmutable
El Bhagavad-gītā ofrece un fundamento radicalmente diferente:
no valor basado en el desempeño, sino valor basado en el ser.
Kṛṣṇa habla a Arjuna en un momento en que la autoestima de Arjuna se ha derrumbado. Arjuna se ve a sí mismo como un fracaso: un guerrero que no puede luchar, un príncipe que ha perdido la compostura, un hombre que está a punto de abandonar su deber. Por cada medida que Arjuna ha aprendido, es indigno en este momento.
Pero Kṛṣṇa no mide a Arjuna de esa manera. Le señala lo que realmente es —debajo de todos los roles, éxitos y fracasos temporales:
> “El alma nunca puede ser cortada en pedazos por ningún arma,
> ni quemada por el fuego,
> ni humedecida por el agua,
> ni marchitada por el viento.”
> — Bhagavad-gītā 2.23
Tu ser esencial es indestructible. No metafóricamente. No como poesía inspiracional. Sino como verdad literal.
El cuerpo puede ser dañado. La mente puede ser perturbada. Los roles pueden perderse. Los logros pueden desmoronarse. Las reputaciones pueden ser destruidas.
Pero tú —el ser consciente, el alma eterna— no puedes ser tocado por nada de esto.
Kṛṣṇa continúa:
> “Esta alma individual es irrompible e insoluble,
> y no puede ser quemada ni secada.
> Es eterna, está presente en todas partes,
> es inmutable, inmóvil y eternamente la misma.”
> — Bhagavad-gītā 2.24
Eterna. No dependiente del tiempo. Presente en todas partes. No limitada a un rol o identidad. Inmutable. No sujeta a las fluctuaciones del marcador.
El fracaso de ayer no la disminuye. El éxito de mañana no la aumentará.
Este es el fundamento del valor incondicional.
No ganas valor desempeñándote bien. No pierdes valor desempeñándote mal. Tu valor es inherente, eterno, absoluto —porque viene de lo que eres, no de lo que haces.
Viviendo la Enseñanza: Separando el Ser del Desempeño
Priya está sentada en el consultorio de su terapeuta tres semanas después.
Ha estado practicando algo nuevo. Algo que se siente extraño, casi rebelde: separar el marcador de su ser.
Comenzó pequeño. Después de no cumplir una fecha límite, en lugar de caer en espiral hacia el autodesprecio, intentó algo diferente: mirar la situación con claridad.
La fecha límite no se cumplió. Eso es un hecho.
El cliente necesita el trabajo para mañana. Esa es una consecuencia.
Necesito completarlo y aprender mejor gestión del tiempo. Esa es una respuesta.
Y luego —esta es la parte revolucionaria— añadió:
Nada de esto cambia mi valor como persona.
La fecha límite incumplida no la hizo indigna.
La convirtió en alguien que no cumplió una fecha límite. Punto.
Su terapeuta asiente.
—¿Y cómo se sintió eso?
Priya hace una pausa. —Raro. Como si me estuviera dejando libre demasiado fácilmente.
—¿Lo hiciste?
—No. Aún hice el trabajo. Aún me disculpé con el cliente. Aún arreglé el problema. Pero no… me castigué. No sentí que tuviera que ganarme de vuelta mi derecho a existir.
—¿Y?
—Y me quedó energía. Para realmente resolver el problema en lugar de solo ahogarme en vergüenza.
Ese es el cambio. No negar las consecuencias. No evitar la responsabilidad.
Sino reconocer que tu ser esencial —tu valor, tu dignidad, tu derecho a existir— no está condicionado al desempeño.
Puedes fracasar y aún ser digno. Puedes tener éxito y no necesitar aferrarte a ese éxito para sentirte valioso.
Ya estás bien. Antes, durante y después de cualquier acción.
Porque eres el ser eterno, inmutable, indestructible.
Práctica: La Práctica del Valor Incondicional
1. Nota cuándo se activa el marcador.
¿Cuándo te sientes más o menos digno? ¿Después de elogios? ¿Críticas? ¿Éxito o fracaso? Solo observa el patrón.
2. Separa la acción del ser.
Dilo explícitamente: “Cometí un error” (hecho sobre la acción) vs. “Soy un error” (falsa conclusión sobre el ser).
3. Recuerda la enseñanza del Gītā.
Tu ser esencial es “eterno, inmutable, eternamente el mismo”. Respira eso. Deja que sea el suelo bajo tus pies.
4. Responde desde el valor, no por el valor.
Actúa porque es correcto o necesario, no para ganarte tu valía. Ya la tienes.
5. Practica la autocompasión.
Cuando fracases, trátate como tratarías a un querido amigo: con honestidad sobre el error, pero también con amabilidad sobre tu valor inherente.
No silenciarás el marcador de la noche a la mañana. Pero cada vez que lo separas de tu ser, aflojas su agarre. Y lentamente recuerdas lo que realmente eres.
El Camino Adelante: Vivir Sin Puntuación
Seis meses después, Priya comete otro error en el trabajo —más grande que la fecha límite incumplida.
Da una presentación con datos incorrectos. La corrigen frente a todo el equipo. Siente su cara arder mientras su gerente la corrige cortés pero firmemente en tiempo real.
El viejo marcador grita: –100 puntos. Indigna. Fracaso. Nunca te recuperarás de esto.
Pero algo es diferente ahora. Siente la vergüenza. La reconoce.
Sí, esto es vergonzoso. Eso es cierto. El sentimiento es real y válido.
Pero debajo de la vergüenza, hay algo firme.
Algo que no se mueve cuando el marcador se desploma.
Cometí un error.
Lo corregiré.
Revisaré dos veces mis datos la próxima vez.
Pero sigo aquí. Sigo siendo valiosa.
Después de la reunión, en lugar de esconderse o irse temprano, se acerca a su gerente.
—Lamento el error en los datos. Ya lo corregí y envié las diapositivas actualizadas a todos. También estoy implementando un nuevo proceso de revisión para prevenir esto.
Su gerente asiente. —Gracias por hacerte cargo. Todos cometemos errores.
Y eso es todo. El error se cometió. La corrección se ofreció. La vida continúa.
Priya va a almorzar con su hermana. Lo disfruta. No porque se lo “ganó” al arreglar el error, sino porque tiene permitido disfrutar de su vida ya sea que el marcador esté alto o bajo.
El marcador todavía existe. Probablemente siempre existirá —alguna versión de él, alguna voz que intenta medir y evaluar.
Pero ya no es ella.
Ella es lo que siempre ha sido: el ser eterno, inmutable, infinitamente valioso.
Y eso nunca puede ser puntuado.
Reflexión
- ¿Qué hay en tu marcador? ¿Qué te hace sentir más o menos digno?
- ¿Puedes identificar una situación reciente donde confundiste tu acción con tu ser?
- ¿Qué cambiaría si intentaras vivir desde un lugar de valor incondicional?
Autoestima
Priya mantiene un marcador mental. No conscientemente. No deliberadamente. Pero está ahí, funcionando constantemente en el trasfondo de cada interacción, de cada logro, de cada fracaso.
Buena presentación en la revisión trimestral: +10 puntos.
Olvidó responder el correo del cliente durante tres días: -15 puntos.
Elogiada por el gerente: +20 puntos.
Escuchó a un colega decir que ella «no lo entiende»: -30 puntos.
El marcador lo determina todo: cómo se siente consigo misma, si merece ocupar espacio en una habitación, si tiene permiso para hablar en las reuniones, si es digna de amor, respeto o pertenencia.
Ahora mismo, sentada en su escritorio a las 7:15 PM —la oficina casi vacía, los de limpieza haciendo sus rondas—, el marcador está bajo. Muy bajo.
Hoy no cumplió con una fecha límite. No por mucho —solo unas horas—, y al cliente ni siquiera pareció importarle. Pero a Priya sí le importa. Porque el marcador no califica en curva ni considera el contexto. Es absoluto. Binario. Éxito o fracaso. Digna o indigna.
Y esta noche, es indigna.
Su teléfono vibra. Es su hermana, preguntando si quiere ir a cenar. Priya mira el mensaje.
No, piensa. No merezco cenar. No merezco disfrutar de nada. No hasta que me lo haya ganado de vuelta.
Rechaza la invitación. Dice que está ocupada. Vuelve a su pantalla, al trabajo que podría restaurar algunos puntos, que podría elevarla lo suficiente como para sentirse humana de nuevo.
Así ha vivido durante treinta y cuatro años. Y está agotada.
Tu Valor No Es Condicional
La mayoría de nosotros llevamos una versión del marcador de Priya. Lo aprendimos de jóvenes: de padres que nos elogiaban cuando teníamos éxito y se retiraban cuando fracasábamos; de maestros que medían nuestro valor con calificaciones; de una cultura que nos dice que solo somos tan valiosos como nuestra productividad, nuestra belleza, nuestros logros o nuestra utilidad.
La ecuación es simple:
Valor = Desempeño.
Hazlo bien → siéntete bien contigo mismo.
Hazlo mal → siente vergüenza, insuficiencia, indignidad.
Suena lógico. Suena a cómo funciona el mundo. Y en cierto sentido, así es: las recompensas siguen al desempeño; las consecuencias, a los errores.
Pero aquí está la mentira oculta en esa ecuación: tú no eres tu desempeño.
Tu ser esencial —la conciencia, el alma, el testigo eterno— no se vuelve más valioso cuando tienes éxito ni menos valioso cuando fracasas. No acumula valor a través de logros ni lo pierde a través de errores. Simplemente es. Eternamente. Completamente. Independiente de todo lo temporal.
Sin embargo, lo hemos olvidado. Hemos confundido nuestros roles con nuestro ser. Pensamos que somos lo que hacemos, lo que logramos, lo que otros piensan de nosotros. Y así nuestro sentido de valor se vuelve condicional. Frágil. Sujeto a evaluación y reevaluación constante.
¿El resultado? Agotamiento. Ansiedad. Un esfuerzo interminable que nunca llega a una paz duradera. Porque no importa cuántos puntos acumules, el marcador siempre puede volver a cero. Un error. Una crítica. Un fracaso. Y de repente, eres indigno otra vez.
El Gītā Habla: El Ser Inmutable
El Bhagavad-gītā ofrece un fundamento radicalmente diferente:
no valor basado en el desempeño, sino valor basado en el ser.
Kṛṣṇa habla a Arjuna en un momento en que la autoestima de Arjuna se ha derrumbado. Arjuna se ve a sí mismo como un fracaso: un guerrero que no puede luchar, un príncipe que ha perdido la compostura, un hombre que está a punto de abandonar su deber. Por cada medida que Arjuna ha aprendido, es indigno en este momento.
Pero Kṛṣṇa no mide a Arjuna de esa manera. Le señala lo que realmente es —debajo de todos los roles, éxitos y fracasos temporales:
> “El alma nunca puede ser cortada en pedazos por ningún arma,
> ni quemada por el fuego,
> ni humedecida por el agua,
> ni marchitada por el viento.”
> — Bhagavad-gītā 2.23
Tu ser esencial es indestructible. No metafóricamente. No como poesía inspiracional. Sino como verdad literal.
El cuerpo puede ser dañado. La mente puede ser perturbada. Los roles pueden perderse. Los logros pueden desmoronarse. Las reputaciones pueden ser destruidas.
Pero tú —el ser consciente, el alma eterna— no puedes ser tocado por nada de esto.
Kṛṣṇa continúa:
> “Esta alma individual es irrompible e insoluble,
> y no puede ser quemada ni secada.
> Es eterna, está presente en todas partes,
> es inmutable, inmóvil y eternamente la misma.”
> — Bhagavad-gītā 2.24
Eterna. No dependiente del tiempo. Presente en todas partes. No limitada a un rol o identidad. Inmutable. No sujeta a las fluctuaciones del marcador.
El fracaso de ayer no la disminuye. El éxito de mañana no la aumentará.
Este es el fundamento del valor incondicional.
No ganas valor desempeñándote bien. No pierdes valor desempeñándote mal. Tu valor es inherente, eterno, absoluto —porque viene de lo que eres, no de lo que haces.
Viviendo la Enseñanza: Separando el Ser del Desempeño
Priya está sentada en el consultorio de su terapeuta tres semanas después.
Ha estado practicando algo nuevo. Algo que se siente extraño, casi rebelde: separar el marcador de su ser.
Comenzó pequeño. Después de no cumplir una fecha límite, en lugar de caer en espiral hacia el autodesprecio, intentó algo diferente: mirar la situación con claridad.
La fecha límite no se cumplió. Eso es un hecho.
El cliente necesita el trabajo para mañana. Esa es una consecuencia.
Necesito completarlo y aprender mejor gestión del tiempo. Esa es una respuesta.
Y luego —esta es la parte revolucionaria— añadió:
Nada de esto cambia mi valor como persona.
La fecha límite incumplida no la hizo indigna.
La convirtió en alguien que no cumplió una fecha límite. Punto.
Su terapeuta asiente.
—¿Y cómo se sintió eso?
Priya hace una pausa. —Raro. Como si me estuviera dejando libre demasiado fácilmente.
—¿Lo hiciste?
—No. Aún hice el trabajo. Aún me disculpé con el cliente. Aún arreglé el problema. Pero no… me castigué. No sentí que tuviera que ganarme de vuelta mi derecho a existir.
—¿Y?
—Y me quedó energía. Para realmente resolver el problema en lugar de solo ahogarme en vergüenza.
Ese es el cambio. No negar las consecuencias. No evitar la responsabilidad.
Sino reconocer que tu ser esencial —tu valor, tu dignidad, tu derecho a existir— no está condicionado al desempeño.
Puedes fracasar y aún ser digno. Puedes tener éxito y no necesitar aferrarte a ese éxito para sentirte valioso.
Ya estás bien. Antes, durante y después de cualquier acción.
Porque eres el ser eterno, inmutable, indestructible.
Práctica: La Práctica del Valor Incondicional
1. Nota cuándo se activa el marcador.
¿Cuándo te sientes más o menos digno? ¿Después de elogios? ¿Críticas? ¿Éxito o fracaso? Solo observa el patrón.
2. Separa la acción del ser.
Dilo explícitamente: “Cometí un error” (hecho sobre la acción) vs. “Soy un error” (falsa conclusión sobre el ser).
3. Recuerda la enseñanza del Gītā.
Tu ser esencial es “eterno, inmutable, eternamente el mismo”. Respira eso. Deja que sea el suelo bajo tus pies.
4. Responde desde el valor, no por el valor.
Actúa porque es correcto o necesario, no para ganarte tu valía. Ya la tienes.
5. Practica la autocompasión.
Cuando fracases, trátate como tratarías a un querido amigo: con honestidad sobre el error, pero también con amabilidad sobre tu valor inherente.
No silenciarás el marcador de la noche a la mañana. Pero cada vez que lo separas de tu ser, aflojas su agarre. Y lentamente recuerdas lo que realmente eres.
El Camino Adelante: Vivir Sin Puntuación
Seis meses después, Priya comete otro error en el trabajo —más grande que la fecha límite incumplida.
Da una presentación con datos incorrectos. La corrigen frente a todo el equipo. Siente su cara arder mientras su gerente la corrige cortés pero firmemente en tiempo real.
El viejo marcador grita: –100 puntos. Indigna. Fracaso. Nunca te recuperarás de esto.
Pero algo es diferente ahora. Siente la vergüenza. La reconoce.
Sí, esto es vergonzoso. Eso es cierto. El sentimiento es real y válido.
Pero debajo de la vergüenza, hay algo firme.
Algo que no se mueve cuando el marcador se desploma.
Cometí un error.
Lo corregiré.
Revisaré dos veces mis datos la próxima vez.
Pero sigo aquí. Sigo siendo valiosa.
Después de la reunión, en lugar de esconderse o irse temprano, se acerca a su gerente.
—Lamento el error en los datos. Ya lo corregí y envié las diapositivas actualizadas a todos. También estoy implementando un nuevo proceso de revisión para prevenir esto.
Su gerente asiente. —Gracias por hacerte cargo. Todos cometemos errores.
Y eso es todo. El error se cometió. La corrección se ofreció. La vida continúa.
Priya va a almorzar con su hermana. Lo disfruta. No porque se lo “ganó” al arreglar el error, sino porque tiene permitido disfrutar de su vida ya sea que el marcador esté alto o bajo.
El marcador todavía existe. Probablemente siempre existirá —alguna versión de él, alguna voz que intenta medir y evaluar.
Pero ya no es ella.
Ella es lo que siempre ha sido: el ser eterno, inmutable, infinitamente valioso.
Y eso nunca puede ser puntuado.
Reflexión
- ¿Qué hay en tu marcador? ¿Qué te hace sentir más o menos digno?
- ¿Puedes identificar una situación reciente donde confundiste tu acción con tu ser?
- ¿Qué cambiaría si intentaras vivir desde un lugar de valor incondicional?