← Volver al archivo
A unos quince metros de donde yo me encontraba, en el extremo opuesto de un alargado y oscuro cuarto, estaba él sentado en una pequeña tarima, con su cara y su vestimenta azafrán radiantes bajo una pequeña luz. Era un hombre de edad - quizás de unos sesenta años, pensé yo - , y estaba sentado con las piernas cruzadas, en una postura erecta y majestuosa. Su cabeza estaba rapada, y su poderosa cara y espejuelos con montura de carey rojizo le daban la apariencia de un monje que había empleado la mayor parte de su vida absorto en el estudio. Tenía los ojos cerrados, y cantaba en voz baja una sencilla oración en sánscrito mientras tocaba un pequeño tambor. El reducido público intervenía a intervalos, en una forma de llamado y respuesta. Unas cuantas personas tocaban címbalos de mano, lo cual explicaba los sonidos de campana que yo había oído. Fascinado, me senté silenciosamente en la parte de atrás, traté de participar en el canto, y esperé.

—La Ciencia de la Auto Realización

Descarga: https://ia903103.us.archive.org/20/items/ciencia_auto/ciencia_auto.pdf
Papel: https://amzn.eu/d/4p3lNmD
← Volver Ir al archivo →