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👶🙏 Para una madre primeriza que teme por el futuro
El Gita comienza precisamente con alguien paralizado por el miedo al futuro. Arjuna temía perder a sus seres queridos, temía las consecuencias de sus decisiones, temía el desastre. Como madre primeriza con un bebé de meses, ese miedo a que algo malo le pase a tu hijo o al mundo donde va a crecer es completamente comprensible. Krishna responde:

«Mientras hablas palabras doctas, te lamentas por lo que no es digno de lamentación. Aquellos que son sabios no se lamentan ni por los vivos ni por los muertos.» (BG 2.11)

Tu hijo tiene un alma eterna. No es un cuerpecito frágil a merced del caos — es un ser espiritual indestructible que ha elegido venir a este mundo, contigo como madre:

«Has de saber que aquello que está presente en todo el cuerpo es indestructible. Nadie puede destruir el alma imperecedera.» (BG 2.17)

Cualquier catástrofe solo puede afectar al cuerpo temporal. El alma de tu bebé — y la tuya — continúan eternamente.

La ecuanimidad es lo mejor que puedes darle. Los bebés absorben las emociones de sus madres. Si vives en ansiedad, él la siente. Krishna describe la meta:

«Aquel que no se perturba a pesar de las tres miserias, ni se regocija cuando hay felicidad, y quien está libre del apego, del temor y de la ira, es llamado un sabio de mente firme.» (BG 2.56)

Tu paz interior es el mejor regalo que puedes darle ahora mismo.

El futuro no te pertenece — el presente sí. Krishna enseña:

«Tienes derecho a realizar tu deber prescrito, pero no a los frutos de la acción.» (BG 2.47)

Tu deber ahora es cuidar a tu bebé hoy, amarlo hoy, alimentarlo hoy. Preocuparte por catástrofes que quizás nunca ocurran te roba la energía que necesitas para el presente — y le roba a tu hijo una madre presente y tranquila.

La entrega elimina el miedo:

«Abandona todas las variedades de religión y tan solo entrégate a Mí. Yo te libraré de todas las reacciones pecaminosas. No temas.» (BG 18.66)

Las últimas palabras del Gita son «mā śucaḥ» — no te aflijas, no temas. Tu bebé vino a este mundo con su propio karma y su propia protección divina. Tú eres su cuidadora, no su salvadora — eso está en manos más grandes que las tuyas.

Cada vez que lo amamantas, lo miras dormir, lo abrazas — eso es lo real. Las catástrofes en tu mente no lo son.
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